Mi vida

Mi nacimiento tuvo lugar en Guatemala, un 27 de febrero de 1873. Sé que fue un miércoles lluvioso pues recuerdo aún como si fuera ayer a mi madre Josefina contándome las peripecias de aquel día… sin embargo, esta historia es digna de ser contada en otras circunstancias.

Me sucede relatar en pocas palabras mi vida pues al parecer unos jóvenes editores —así se hacen llamar— han querido que se vuelva a hablar de mi… De Madrid son estos, ¡ah, Madrid! ¡Cómo recuerdo aquella noche de diciembre de 1891 en que llegué a Madrid, después de un viaje terriblemente largo y horriblemente triste!… Recuerdo aquel primer contacto con la villa del oso y del madroño como si no hubieran pasado ya más de cien años. En aquel Madrid tan poco hospitalario; con notas de París donde había yo estado poco ha pues quise yo vivir la bohemia que contaba Murger es esa ciudad de teatros, cabaret, burdeles…, hice yo un librito, el primero, que la casa de Hernando imprimió y que llevaba el título de Esquisses, es decir, esbozos. ¿Por qué en francés? No acierto a explicármelo ahora. Y tampoco me explico el favor con que los hombres más eminentes de España acogieron aquel folleto formado por siluetas de los grandes literatos que entonces estaban de moda en París. Recuerdo mi asombro al ver en un periódico…El Imparcial, un artículo de Clarín, insigne juez de las letras, un artículo sobre mí, donde, después de unas cuantas bromas sobre la manía de poner palabras en francés, examinaba afectuosamente mi trabajo.

París… ¿cómo serás ahora? ¿Dónde estará aquella mesa que compartía yo con Oscar o Pablo?… Amigo y mentor, no sé que pésame más, Rubén…¿acaso tú también fuiste olvidado?

Grandes recuerdos, tengo que confesaros nuevos lectores, me traen estas dos ciudades las cuales yo más amé y no fueron pocas las que conocí en mis viajes por la India, la China, el Japón, Rusia, Egipto, Buenos Aires… todas ellas inspiradoras de tantas y tantas crónicas que me hicieron cumplir mi sueño bohemio…barcos, ciudades, hoteles, mujeres, ¡qué recuerdos!, esas noches en los cafés… «borracho», me decían —empero si la memoria no traicióname, tuvieron que ser palabras de alguna de mis esposas, tal vez Aurora, tal vez Raquel, tal vez Consuelo…hace tanto tiempo ya—, y digo yo, borracho de qué, si ni una noche bebí ni más ni menos que en noches anteriores…

Me tomo la confianza de llamaros amigos ya antes de despedirme, pues la brevedad escapóseme con lo que queda de mi memoria y mi residencia ahora no es muy inspiradora… si queréis volveré a contaros, antes de que pasen otros ciento cuarenta años…

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